miércoles, 6 de agosto de 2008

La fiesta gitana

Gracia es, eminentemente, un barrio de cobardes. Afirma el presidente de la Federación de la Fiesta Mayor, Ricard Estruch, que las próximas fiestas mayores se han diseñado pensando en algo más familiar, menos multitudinario [El País]. “Queremos que vengan jóvenes, pero no diseñaremos [sic] música selectiva [sic] para grupos masivos [sic] de gente que el barrio no puede absorber.” Ciertamente, y de un tiempo a esta parte, el barrio tan sólo puede absorber vómitos nobiliarios y okupas de San Gervasio. Ni que decir tiene que las palabras de Estruch no resisten la prueba del algodón: si las fiestas, hoy por hoy, exigen ese recogimiento aldeano (disfrazado, todo sea dicho, de republiquita del mojitito) es porque no hay un solo joven en Gracia que esté dispuesto a dinamizar las fiestas alistándose en su respectiva comisión callejera. Hace ya semanas que paso por delante del local vecinal de la calle Llibertat y me detengo a observar a los viejos que pintan hueveras. La interpelación gestual suele ser instantánea, feroz, kennediana: “No te preguntes qué puede hacer Gracia por ti, sino qué puedes hacer tú por Gracia”. En lo que a mí respecta, estoy gravemente incapacitado para forjar identidades, de ahí que mi respuesta sea roma y gitanísima, de sombría pasividad y palmas de tango. Mi caso, no obstante, debe de ser una aberración. No en vano, la ausencia de vocaciones para levantar la fiesta no guarda relación con la acracia, sino con el hecho de que el barrio es una fiesta perpetua. A la legión de okupas que reside holgadamente en decenas de locales “nacionalizados”, se suman centenares de erasmus melancólicos, miles de profesionales liberales de tilde socialdemócrata y un sinnúmero de bongoseros de variado pelaje. ¡A qué demonios iban esos residentes a pintar hueveras cuando el barrio es una fiesta mayor trotskista, es decir, permanente! Pasen ustedes por la plaza Rius cualquier mediodía y darán con la magnitud de la felicidad. Sea otoño, invierno, primavera o verano, las terrazas están atestadas de vacacionistas de fin de régimen que no escatiman palabras para denigrar a la Gracia del Capital y la Bendita Especulación. ¡40 años que no nos dejan tener! Afortunadamente, las incomodidades semánticas del tipo “diseñado-selectiva-absorber” suelen derruirse en boca de quienes no tienen ataduras con la corrección política ni, por supuesto, con ningún atisbo de patria. Afortunadamente, los gitanos no sólo son finos, sino sabáticos y filipinos.  Y de los gitanos, en ocasiones, pende la verdad.


La festa gitana, dice el boletín Independent! La nieve blanca, mis propios ojos, la pertinaz sequía y la festa gitana. No incordia tanto el pleonasmo cuanto el hecho de que en el autobús haya asideros para gitanos y asientos para payos. ¡La fiesta gitana, válgame Dios! ¡Mañana les diré quién organizaba la fiesta gitana de la plaça del Raspall!)



Hace 1 año, 1 mes y 18 días que no rige la prohibición del tirititrautrautrautrau. ¡Por alegrías, amor pagado!



2 comentarios:

Anónimo dijo...

Pues si no diseñan música selectiva para grupos masivos... nos vamos! ala!
Messié Du Pac, me temo que por aquí solo quedamos usted y yo rustiéndonos a fuego lento. Lo de los gitanos, una lección de vida, ¿aplicable a los jóvenes que "son así"? vete a saber.
Gracias, que ayer no te las di.
Veva

emilio (ibiza) dijo...

¿Que sería de nosotros los mediocres sin los pleonasmos estos?.

Veva, jo també estic ben rustidet, si te sirve de consuelo, que no creo. ^_^