lunes, 29 de noviembre de 2010
Decimosextos
Confiaba en que Rosa Díez o alguno de sus chambelanes mostraran indicios de que son capaces de formular una autocrítica más o menos juiciosa. No obstante, todo cuanto leo es un lamento airado a cuenta de los cuatro escaños del partido de Laporta; un lamento formulado, además, con el soniquete resabiado de los políticos profesionales, en plan un país que glorifica a Laporta y desprecia al partido del premio Nobel y del campeón nacional de filosofía es un país que no nos merece. Por si semejante coda calara entre la afición, baste recordar que el problema de Rosa Díez no se llama Joan Laporta, sino Miguel Brau, nombre artístico de Carmen de Mairena. O el Partido Pirata. O Des de Baix. O cualquiera de esos microclimas que han pulverizado algo más que la imagen de un partido que pretende vertebrar España. No en vano, si entre las divisas fundacionales de UPyD se hallaba la restitución de la naturaleza instrumental de los partidos, la pugna desatada con Ciutadans por los sufragios de la disidencia no nacionalista tiene bastante que ver con el cainismo sectario, con ese revanchismo vedettista que tanto ha maleado la política española o acaso la política a secas. En este sentido, vale la pena echar un vistazo a los puyazos que ha dedicado Carlos Martínez Gorriarán al partido de Albert Rivera, y que culminaron en un post que donde, acaso por prurito de generosidad, calificaba de "polillas" a algunos de los intelectuales que impulsaron la creación de Ciutadans (y de UPyD, por cierto). Tan sólo el último párrafo abriga algo semejante a la verdad: "Así las cosas, ¿alguien se cree de verdad que existe algún parecido entre C’s y UPyD? Hombre, hombre..." Nada más exacto. Por de pronto, la dedicación de Gorriarán al recorte y escrutinio de periódicos empieza a rendir sus frutos. Y si la semana pasada se valió de una entrevista de Sostres a Cañas para coger el rábano por las hojas y ensanchar las diferencias entre unos y otros, no hay que descartar que en próximas entregas nos descubra que Rivera es un espía de Carod. ¡O de Sellarès, que en estos menesteres tiene más lustre! Cualquier disparate, en fin, antes que dar media vuelta y retomar la posibilidad de fraguar una entente, si bien en lo que a mí respecta sería un esfuerzo baldío, pues no creo que un partido capaz de perpetrar esa clase de análisis merezca mucho más que Carmen de Mairena. Ni en el Parlament ni en ninguna parte.