sábado, 20 de noviembre de 2010

El encargo del cineasta

Entre los momentos más excitantes de cuantos salpicaron mi niñez, nada podía compararse al regreso de mi padre de alguno de sus viajes; las maletas combadas, ahítas de objetos cuya utilidad iba desvelando el pasar de los días. Todas sus idas y venidas se saldaban con un epílogo jubiloso que él mismo solía amenizar con toda la pompa y circunstancia que la ocasión merecía. La alegría que irradiábamos mi hermano y yo tenía su magno contrapunto en mi madre, alarmada ante el hecho de que nuestra casa iba cobrando un aspecto de zoco que, si bien agradaba a las visitas, planteaba un sinfín de molestias a la hora de la limpieza. Hoy en día, son mis hijas quienes, de cuando en cuando, abren una vitrina y juguetean con elefantes de ébano, pirañas rojas del Amazonas o alguna de las fieras de porcelana que nos animan la vista. Y habrían disfrutado de lo lindo con los souvenirs de los que nos hemos ido desprendiendo: los colmillos de elefante que orlaban el recibidor, la mandíbula de tiburón en los que se mecían mis sueños, la piel de antílope que envolvía el suelo en los inviernos. Jirones de un tiempo, en fin, en que había manga ancha para con el exotismo, en que no era infrecuente ver, en el aeropuerto de Barcelona, a un viajante de comercio acarreando dos arrobas de marfil. Anoche pensaba en ello mientras veía en la 2 El encargo del cazador, la soberbia evocación de la figura de Jacinto Esteva que, en 1990, realizó Joaquín Jordá. Esteva perteneció a la generación de cineastas que se arracimaron en torno a la llamada Escuela de Barcelona, una corriente imbuida de formalismo que tomó a Madrid como dogma principal: sus artífices, entiéndase, hicieron exactamente lo contrario de aquel cine tremendista que por entonces se hacía en la capital y que, andando el tiempo, sería glorificado bajo la etiqueta de landismo. La película de Jordá escarba en la vida exagerada de Esteva, un genio inconstante arrasado por el alcohol que dejó algunas obras de gran valía; entre ellas, claro, su vida. A partir de los recuerdos de amigos, allegados y deudos, Jordá compone un retrato conmovedor, de una elocuencia que raya en lo insólito; tanto es así que, al terminar la película, no pude por menos de preguntar por Esteva en el youtube. O por su hija Daría, cuya desenvuelta pesadumbre constituye el centro de gravedad del filme. Tenían sus palabras el mismo aire pedante y clarividente de aquel Michi de El desencanto. Como él, Daría anclaba relativos entre una y otra cláusula, pesaba los adjetivos hasta el nanogramo y los fragmentos más deslumbrantes de su discurso eran los descartes, lo que, a vuela pluma, en un pestañeo, iba apartando de su pensamiento. Cualquier persona que hoy tratara de hablar así sufriría el bronco abucheo del vulgo, al que le basta un par de chasquidos para describir el mundo. Otro de los personajes que me llamó la atención fue Berlanga, que, fiel a su leyenda, rehúye el menor atisbo de jactancia intelectualoide y rememora la escena más terrible de cuantas componen el collage. Pero si he traído aquí El encargo del cazador es porque su protagonista, además de cineasta, fue un gran viajero. También él frecuentó África. Y también él porteó marfil de un continente a otro. Esteva mató alrededor de un centenar de elefantes y, según cuenta la película, lo hizo orgullosamente, esto es, como correspondía a su tiempo. De las paredes de su casa colgaban pieles, cornamentas, una cabeza de rinoceronte... No parece que tal extravagancia impresionara a sus mujeres o a su hija. Todo lo más que les arrancó fue un ademán condescendiente. A su hijo, en cambio, le vemos posar sobre una pieza con tremenda alegría. El niño Jacinto. En realidad, lo había dejado con Berlanga, quien, en cierta ocasión, y después de un tiempo sin saber de él, se cruzó en el puente aéreo con su amigo Esteva. Nada dice Berlanga sobre si lo encontró abatido. No hace falta. Bastará (y nos bastará) con que le pregunte por el hijo:
-Lo llevo en esta bolsa.
-¿Qué quieres decir?
-Se suicidó y lo he llevado a Madrid a incinerar.