martes, 30 de noviembre de 2010

Extra, extra

Cualquier nueva cabecera debería proyectar una visión de la realidad más o menos inédita, una ordenacion moral que rehiciera el criterio por el que una noticia se considera principal y otra secundaria. O que alumbrara una frontera distinta en el cometido de separar lo noticioso de lo irrisorio. No en vano, y entre las razones por las que uno funda un periódico se halla la posibilidad de tirar a la basura el calendario de adviento wikileaks. O la de omitir los suicidio. O la de no publicar derrotas del Real Madrid. Asimismo, las secciones en que se divide un periódico deben contener el mundo, y acaso hacerlo en los dos sentidos del verbo. En función del grado de sutileza con que se vayan acomodando los hechos, tendremos la impresión de que el mundo avanza o de que, por el contario, retrocede. Ambas consecuencias serían pertinentes, pues lo indeseable es que el mundo se detenga. En este punto, hay que hilar fino para no sufrir un traspié. Disponer de una sección de Internet no supone favorecer el progreso, sino trabarlo. En la misma medida, por cierto, en que lo traba que la i de internet sea mayúscula. Otra de las razones por las que se funda un periódico es la necesidad de adaptar los hechos a nuevos formatos narrativos. El porqué de esa necesidad a menudo tiene que ver con la apreciación del alpinista: están ahí. Digamos que ya no se trata únicamente de escribir conforme a los parámetros de la crónica, la entrevista o la noticia, sino también de desplegar (de forma enérgica y aun engreída) toda suerte de e-books, fiskings o twitters, y de diseminar la tradición en esos nuevos lenguajes periodísticos. En un nuevo periódico, por último, debe haber lugar para alguna que otra pincelada extravagante siempre y cuando parezca eso mismo, una extravagancia; de lo contrario, se confunde con la tartamudez, con el desaliño. Si yo fuera director de un periódico, por ejemplo, publicaría cada día una noticia de un ataque de tiburón. Como quien dice austrohúngaro. Se me ocurren, en fin, muchas razones importantes para lanzar un periódico y ninguna tiene que ver con las que inspiran esa cabecera ara que nació el domingo, tan corrupta y revenida que estoy empezando a pensar si sus editores no aprovecharon el fragor electoral para pasar inadvertidos.