lunes, 29 de noviembre de 2010
La izquierda catalana
Es probable que a Montilla no le quedase otra que renunciar a su escaño, pero lo cierto es que el principal responsable de lo que ha sucedido en Cataluña no es, ni mucho menos, Montilla, sino Maragall. Al fin y al cabo, Montilla no ha sido más que una mera decantación pujolista (en el sentido de que todos y cada uno de sus despropósitos parecían salidos de algún laboratorio de Prada de Conflent). Montilla interpretó una partitura diríase que compuesta por Montalbán, o por Candel, que para el caso tanto monta, pero el cráneo privilegiado que antepuso el Estatut a cualquier otro desvelo fue Maragall; el outsider que dejó en el mármol sentencias como que el catalán es el adn de los catalanes fue Maragall; el visionario que, en su delirantes disquisiciones, empezó a sugerir que España era un molésto apéndice de la Gran Cataluña, fue Maragall. Conviene recordarlo, no vaya a ser que Montilla acumule méritos que no le corresponden enteramente. Llama la atención, por cierto, el hecho de que ni uno solo de los mandantes que perpetraron el primer tripartito está en la vida pública. A Maragall lo retiró el alzheimer, a Carod el aparato y a Saura la perspectiva de un plácido retiro. Lejos quedan los días de Perpiñán, de la fotografía con coronas de espinas, de esas hilarantes agencias de colocación que fueron las embajadillas, de las subvenciones a las lenguas amerindias, de participar en manifestaciones que, llegado el caso, debían encargarse de reprimir, del tunning de coches oficiales. La fiesta terminó para el trío lalalá y sus herederos, en cuyo haber, y muy principalmente en el haber de Maragall, cabe apuntar el desguace definitivo de la izquierda catalana, ese antológico oxímoron.