viernes, 19 de noviembre de 2010

La tocas y rebota

La penetración, no, Paco. La penetración es falocracia. A la mujeres no les gusta joder, Paco, desengáñate. Lo sublime es la gayola, la gallarda, la dulce pera matinal y vaga, la manuela, o sea, meneársela. (...) Luis G. Berlanga ahora cultiva una cabeza rococó y plata de romano feo y cultiva una barba de académico que de pronto se le va a poner amarilla de comerse coños. No hay nada que más amarillee la barba que los jugos vaginales de una señorita, aunque sea de plástico, como la muñeca insigne de Tamaño Natural".

Leo donde Manuel Jabois, que a su vez ha leído en TheoSarapo, una disquisición de Berlanga sobre el sexo de las mujeres. El Paco a quien se refiere el texto es Umbral, inconfundible en los pliegues de la cabeza rococó y plata. En la muerte de Berlanga, no faltó quien evocara la escena de aquel Marqués de Leguineche que recolectaba pelo púbico, o la de su hijo, López Vázquez, masturbándose frente a la ventana. Ninguna de esas perversiones, no obstante, fue tenida por tal; antes bien, se consideraron el fruto intelectual de un erotómano. A diferencia, por cierto, de las perversiones de Sostres, que son repulsivas, rancias y cutres. Por supuesto, la razón por la que unas están investidas de prestigio y otras no merecen sino el destierro no está en las perversiones, sino en el pervertido. Es lo que se conoce como doble rasero.

Para que se termine de ver claro

Aquí, un cineasta



Aquí, un depravado