Es probable que de El País no cupiera esperar sino un artículo como el que hoy, bajo el paraguas genérico de Reportaje, cuelga de su web. No obstante, y aunque estoy habituado a la bajeza, jamás había creído que la riada llegara tan alto. Sostres, Dragó, García Serrano, De la Riva, Van Halen... Esta vez, el macartismo socialdemócrata (pleonasmo) ha elaborado un top five de leprosos donde lo que prima no es el señalamiento de la barbarie, sino la revelación de un vínculo cuasi natural entre esa barbarie y la derecha. Estremece pensar en el modo como el diario ha ido almacenando y clasificando residuos hasta que, llegada la hora de ajustar cuentas, ha dado en exhibirlos públicamente. Resulta extraordinario, en fin, fantasear con la posibilidad de que un redactor dilapide su tiempo en subrayar lo que, a no mucho tardar, será sometido a escarnio (ah, aquel Sellarès planchando periódicos con un tampón donde decía "afecto" y otro donde decía "desafecto"). Por lo demás, esos informes adosados que glosan la maldad de Sostres (porque, en el fondo, no estamos hablando de otra cosa que del monopolio de la bondad) están elaborados con la misma miopía que los progres suelen achacar a los censores franquistas, esto es, se retuercen en espasmos ante lo insignificante y desdeñan la caza mayor. Anteayer mismo, Sostres animaba a Isabel II a que ejerciera de reina y, si la situación lo requería, mandara liquidar a la plebeya Middleton, en el bien entendido de que obró del mismo modo con Lady Di. Antes que reparar en semejante osadía, El País atiende al reclamo bailón de la belleza femenina y el talento masculino. Con todo, la estulticia alcanza su máximo esplendor cuando, después de etiquetar a Sostres de xenófobo, y a propósito del hecho de que los niños marroquíes fueran objeto de mofa, el diario excreta: "Máxime cuando la mayoría de los estudiantes del Colegio Español de Rabat son cultos y pertenecen a clases acomodadas (entre ellos había hijos de ministros, intelectuales y mandos militares)". Máxime cuando. Hasta la bola.