martes, 21 de diciembre de 2010

Depacual

Querido De Paco:

Tu natural modesto y tus escasas dotes mercantiles te impiden sacar pecho y alardear de tu posición de preeminencia: Factual nació con De Paco y murió con De Paco. No es una exageración. La idea fue de Arcadi Espada, pero fue tomando cuerpo en el transcurso de una cena en tu cubículo graciense. Dejaste de dar clases para incorporarte a una exigua plantilla de periodistas que se dedicaba a pergeñar números cero sin contraprestación monetaria alguna. Os alimentabais de la ilusión de refundar el periodismo. Y el periodismo de pago, sea dicho. ¡Y en internet! Estuvisteis meses estrujando vuestro magín para colaborar en el advenimiento del medio revolucionario. Una vez que salió a la luz, llegaste a ser un reputado todólogo: fiskings eternos de Gabo; crónicas deportivas; hombre del tiempo (incluso del de Haití); cronista taurino; relator de costumbres barcelonesas; editor de múltiples artículos escritos con los pies; receptor de quejas; defensor del lector; guardias en Navidad y año nuevo, etc., etc. Todo ello desde las siete de la mañana a las tantas de la noche. Tenías las llaves del local (junto a la clave de la alarma) y cerrabas y abrías el chiringuito. Cuando cesó el primer Factual (el auténtico), tú seguiste allí. Es cierto que tú necesitabas a la empresa, pero también la empresa te necesitaba a ti. Después de todo, ¿quién iba a hacer de editor?, ¿quién sabía titular una pieza?, ¿quién conocía las claves de la alarma? Seguiste abriendo y cerrando el quiosco, aunque ya sabías -lo hablamos mil veces- que aquello tenía menos futuro que los toros en Barcelona. Se sucedieron los directores, pero tú, como redactor jefe, seguiste corrigiendo textos, cuadrando los verbos con los predicados, poniendo el acento al sí cuando era sí y suprimiéndolo cuando era si. Todos esos fallos que tienen los escritores de medio pelo. También llegaste a atender las llamadas de aquellos que pretendían la prometida devolución de los 50 euros de cuota y, por supuesto, las de los articulistas que no cobraban ni cobrarían jamás. En sólo seis meses, la deriva alcanzó cotas insospechadas. Por suerte, acabaste despedido y cobraste el finiquito, pero cerraste la luz y cancelaste la alarma. Fuiste el primero y el último. Soportaste el cúmulo más grande de despropósitos que se han podido contemplar en un medio de comunicación. Eres el testigo de cargo. Escríbelo todo y no te dejes nada.

Oriol Trillas

4 comentarios:

Ernesto dijo...

Verdades factuales. Por cierto, alguna llamada pidiendo la devolución de los 50 euracos me tocó. Es que eran muchas, saturaban la línea.

Juan dijo...

Sigo diciendo que, como de costumbre, el problema no es la plantilla, sino la cabeza. Ya lo hemos hablado en alguna ocasión.

Anónimo dijo...

Esto me hiere el alma, gran De Paco, aproveche usted al menos la experiencia, escriba un libro, muchos escriben novelas con mucho menos material.
Veva

Anónimo dijo...

Me sumo al coro municipal y espeso: memorias factuales, ya.
Un abrazo,
Ana