miércoles, 22 de diciembre de 2010

Jamó y ques

"El catalán es una lengua ficticia." Anoche, tras la cena, anduve hasta casa meditando mis propias palabras, que los comensales recibieron con pitos y palmas. Puse como ejemplo una situación que, a mi modo de ver, resume perfectamente la paranoia que nos aqueja. Me refiero a los mossos de esquadra que, en el transcurso de esas lacias patrullas llamadas de proximidad, conversan... en castellano, es decir, en la lengua habitual de ambos (o, cuando menos, de uno de los dos). Pareciera de sentido común que, al dirigirse al ciudadano, esos mismos policías o cualesquiera que empleen el castellano, se expresaran también en castellano. Sin embargo, lo hacen en catalán; la mayoría de las veces, en un catalán lamentable, en una suerte de jerga que no provoca sino desconcierto. Por descontado, los mossos no son el único colectivo afectado por la afición a la parodia. Ni es Montilla el único individuo que se somete a la horma de la oficilialidad balbuceando un catalán artificioso, romo, torturado. Cuántas veces no habré visto cómo un ciudadano se dirige a un funcionario en una neolengua de esparto que tan sólo en sus más enfebrecidos sueños cabría considerar catalán. A esa clase de optimistas les salva un hecho casi fantasmagórico. No en vano, su empeño en fingirse catalanoparlantes suele corresponderse con el del funcionario, que es, dada su naturalísima ocupación, quien mejor interpreta el dialecto apache. Es este mío un país en que unos simulan que hablan catalán y otros simulan que entienden a quien simula hablar catalán. Para desgracia, claro está, de los españoles que lo hablamos de verdad.

2 comentarios:

Albert dijo...

Perdona, Pepe, pero no creo que el “ficticia” de tu larga cambiada sea el adjetivo más apropiado para referirse a la lengua catalana, porque con él, así, a bote pronto, da la impresión de que estés negando la existencia de la misma, lo cual, incluso como provocación, me parecería excesivo.

Si yo tuviera tu naturaleza temeraria, hubiera calentado al público con un “el catalán es una lengua de atrezzo”, titular éste que, a mi juicio, encajaría mejor con los ejemplos que expones, amén de permitir acallar cualquier objeción del respetable con una referencia a la ley de rotulación de comercios y su indudable vocación de tramoyista.

Anónimo dijo...

Hombre, De Paco, si los catalanoparlantes se ponen muy estupendos el catalán se extingue. Prefieren que se hable, aunque sea mal.
A mí también me gusta que me hablen en mi lengua materna, aunque sea con acento catalán.
Veva