martes, 25 de enero de 2011

Bateman World

Este blog mío, o acaso la sencilla posibilidad de ir devanando la vida a salto de mata, sin orden ni concierto, me lleva a fabular qué habría anotado a propósito de lo que, aún hoy, tengo por grandes hits. Las noches en la barra de Zeleste, por ejemplo, o las madrugás en la calle de la Cera, o los días de plomo en Astoria Ediciones; con qué pierna habría rematado en el preciso instante en que Kiko Veneno dio al mundo ese milagro fáustico que es Échate un cantecito, o con qué verbo me habría rendido a la arrogancia traviesa de Ray Loriga, que campaba luminosa en Lo peor de todo, o qué bravata anticanónica habría escupido ante el abismo en que bailaba el Bateman de American Psycho. Hay en esa novela, por cierto, una indiferencia prodigiosa respecto al prójimo que, a mi juicio, retrata nuestra época de un modo más certero que el marquismo, la cocaína o la gastronomía chic. No hay un solo personaje de cuantos pululan por sus páginas que acierte con el nombre de pila de cualesquiera de sus amantes, colegas o amistades, según un griterío que no se aleja mucho del patrón "Eh, chicos, ¿aquél no es Owen?, "cómo Owen, si Owen ha muerto". Tales equívocos, sin duda, terminan por resultar bastante más aterradores que cualquiera de los crímenes de Bateman, pues no sólo dan cuenta del tedio que engulle a los personajes, sino que también refieren su inhabilitación moral para cualquier fenómeno que tenga que ver con la empatía. Nadie como Ellis, en fin, ha explorado con tanta maestría ese reino de las apariencias que cuajó en spleen del mundo. "Ayer estuve follando con Meredith." "Cómo con Meredith, si Meredith estuvo conmigo." "Mmm... Pues yo le estuve llamando Meredith toda la noche." Cualquier atisbo de jocosidad va cediendo a la evidencia de que el hecho de que fuera Meredith o no lo fuera no tiene efecto alguno en cualquier relato probable, que es lo mismo que decir que el presente se desenvuelve al margen de la memoria, lo que sitúa la acción (y cualquier trato con el progreso) en un erial de zombis. La directora de la versión cinematográfica, Mary Harron, intuyó que ahí, en esa querencia por lo superficial (por una superficie que acaba deviniendo en costra antes que en piel), se hallaba uno de los grandes temas de la novela, de ahí que culminara la escena final en el bar con un yuppie que, mientras contempla el mitin de Reagan en televisión, exclama: "Se presenta como un pobre viejecito, pero por dentro...". A lo que Bateman, que al fin vislumbra el signo de sus tiempos, responde: "¿Por dentro? Por dentro no importa".


El fin de la civilización, según Ana Nuño.

1 comentarios:

elchicoquequeriaserbreteastonellis dijo...

Joder, Pepe: Kiko Veneno, Ray Loriga y Bret Easton Ellis, mis tres grandes referentes de adolescencia, es flipante lo nuestro, jajaja.

Entrevisté a Ellis hace unos meses, fue una gozada. Hablamos de Bateman, claro, me dijo "tenía bien claro que no podía utilizar ninguna metáfora. Bateman es un tío que no se expresa con metáforas. Yo como escritor quería lucirme y ponerlas, pero el personaje no era así, para el personaje no hay nada debajo de nada o que camufle algo". Creo, sinceramente, que los primeros libros de Ellis como los primeros de Loriga, por todo el rollo de "escritores pop malditos" y la mercadotecnia que hubo alrededor pasaron desapercibidos como auténticos libros de referencia. ¡Elder Bastidas y su VÁYASE USTED A TOMAR POR CULO!

Sensacional, sensacional...

Un abrazo!

Guille