¿Funciona Reuters?
Cuando Oriol Trillas, con su habitual comicidad notarial, recogió las tareas a las que me dediqué en Factual, olvidó la más fascinante (y, en vistas de la omisión, quién sabe si inservible). Me refiero, claro está, a lo que llamábamos* factchecking, un género que, en su más refinada expresión, suele ser atildado, pedante y, a qué engañarnos, incomprensible. Grosso modo, consiste en pasar las noticias por el cedazo del sentido común para, con ello, mostrar al lector la tinta simpática que infecta los hechos, ya tenga que ver aquélla con servidumbres ideólogicas, peajes corporativos o simple necedad del redactor. De lo que se trata, en suma, es de desvelar la retórica de los medios de comunicación para que, de ese modo, un foco incógnito hasta entonces ilumine los hechos. De la habilidad del periodista dependerá, precisamente, que los hechos no acaben abrasados. Pero basta de metáforas.
¿Recuerdan el chascarrillo de Salvador Sostres sobre las chicas de 17 años y la forma como El País desplegó a su infantería? A mi entender, esas mismas palabras, pronunciadas por un personaje de izquierdas, hubieran pasado inadvertidas. Ahora bien, ¿cómo elaborar un factchecking con ese material? Fíjense.
Ahora vean esto. Se trata de un fragmento de la serie Infidels, un residuo exquisito de la moral catalana en tiempos del tripartito: amigas que hablan de sus pedos, lesbianas en proceso de adopción, estadounidenses con nivel C de catalán... Más allá de la dicotomía faction/fiction (irrelevante, dado el caso), la única diferencia entre la conversación de estas dos mataharis de azotea y las palabras de Sostres estriba en que Sostres habló en privado.
*El factchecking, en rigor, equivale a comprobar la veracidad de cuanto publican los medios, y más frecuentemente en el sentido de si los políticos mienten o dicen la verdad. Lo que aquí expongo es la forma como yo me aproximé a esa horizonte. Jordi Pérez Colomé, por su parte, construyó una sección que, a la postre, fue una magnífica atalaya para contemplar el mundo. O, dicho en castizo: el mundo por fuera, por dentro, del derecho y del revés.
2 comentarios:
No, no, no. Hay al menos dos diferencias más y que a mí me parecen mucho más relevantes: 1. Sostres está con la Sansebas, lo cual le convierte en un facha. Y 2. Sostres es un hombre, lo cual le convierte en un facha. Cuando una mujer habla de desvirgar el desvirgamiento tiene mucho de didáctica maternal. Si Sostres lo hubiese dicho (madre, si lo hubiese dicho) no tendría a ojos del espectador esa mirada limpia que tiene la rubia. Definitivamente: la diferencia está en que Sostres no es rubia.
No me interesa el tema, Pepe, no insistas, no llevas razón. Además estoy de un humor de perros.
Veva
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