jueves, 13 de enero de 2011

Genios SL

Anoche debutamos en el 41 º. Mañana, Oriol dará cumplida cuenta de nuestros pasos (ante la inminencia de cualquiera de sus crónicas, tengo la impresión de que preciso un relato para saberme real). Más allá de lo gastronómico, que transita una escala en que forcejean la conmoción y el humorismo, el gran espectáculo del 41 º es la mezcla (por instantes, ciertamente pavorosa) entre el arte y el dinero. A un lado, los hermanos Iglesias, tres oficiantes del yantar que, en cuanto aflore el famoseo, acaso experimenten la natural tentación de empapelar las paredes (de un agradabilísimo vintage, por cierto) con fotos en plan Messi nos visita. A otro lado, los Adrià, cuyos negocios suelen exigir una inversión estratosférica; la retórica, tan común a otros genios, es harto conocida: puesto que debo blindar mi marca, puesto que no puedo tolerar que mi prestigio se tambalee al menor golpe de tiña, no daré un paso si no es en suelo firme. En el 41 º, esa cláusula se traduce en 15 empleados atendiendo a no más de 35 clientes. Como diría Pep Guardiola, una puta barbaridad, máxime teniendo en cuenta que el snack-bar no abre las puertas hasta las cinco de la tarde y que el precio de la mayoría de los snacks ronda los cuatro euros. Así las cosas, la dialéctica Iglesias-Adrià se perfila como uno de esos casos que acaba desmigándose en las escuelas de negocios. Cualquier desviación en la balanza del número de empleados o en la del número de comensales amenazaría el modelo Adrià, por lo que los Iglesias habrán de contener el afán de reducir la plantilla o estirar el aforo. Asimismo, y a la luz de la inversión inicial (se habla de 3 millones de euros), la eventualidad de tener a esos 15 empleados (junto con el Tickets, puede que no menos de 50) cruzados de brazos haría zozobrar el negocio. La viabilidad del Tickets-41 º dependerá, a muy corto plazo, de que los Iglesias no perciban que la empresa es algo así como un juguete caro en manos de los Adrià, quienes, recordemos, saltan con red. Al fin y al cabo, si la cosa no funciona no tienen más que decir que se trataba de una apuesta demasiado sofisticada para el clásico restaurador. ¿Hay precedentes de algo semejante? Miles. El progreso de la humanidad, de hecho, no es más que un pacto entre el genio y el dinero (que es, no lo olvidemos, otra expresión del talento). Sea como sea, o mucho me equivoco o la salida de los Adrià del antiguo Inopia tuvo bastante que ver con el difícil equilibrio entre los artículos de prensa en páginas de colorín y la venta de raciones de ensaladilla.

1 comentarios:

Juan dijo...

Acuérdate Pepe, de lo que te he dicho en alguna ocasion: toda moneda tiene dos caras; todo negocio tiene dos aspectos: el público (clientes, productos) y el privado (los números). Es posible que ambos dos juntos creen algo próspero. Pero si el segundo no funciona, el primero se hunde sin remedio. Espero, y deseo, que 41 vaya bien. De momento, las críticas que he oído y leído son al gastronómicas que, como no podía ser de otra manera, son excelentes. Veremos el resto.