sábado, 1 de enero de 2011

Calaix de sastre

(Mas)carell

El nombramiento de Ferran Mascarell como consejero de Cultura ha sido interpretado en diversos medios como una prueba de que el estilo de Artur Mas empieza a asemejarse al de Nicolás Sarkozy, quien, recordemos, se convirtió en el gran adalid europeo de la transversalidad fichando a izquierdistas lost in transition como Lang, Kouchner o Rocard. La comparación de semejante manifestación de audacia con lo que, en puridad, no es más que la rúbrica del ocaso de la política es, cuando menos, grotesca.

En primer lugar, la afirmación de que Mas ha antepuesto el criterio de excelencia a cualquier otra consideración debe ponerse bajo sospecha, máxime teniendo en cuenta los personajes a los que el propio Mas había ofrecido el deparmento antes de darle los trastos a Mascarell.La mera posibilidad, por cierto, de que Mònica Terribas -directora de TV3- se hubiera hecho con las riendas de Cultura habla a la clara del concepto de meritocracia que maneja el presidente. Más humillante, sin duda, es la incapacidad de Cataluña para alumbrar un solo profesional que acredite aptitudes para el cargo.A este respecto, el hecho de que se jalee la designación de Andreu Mas-Colell (consejero de Economía y Conocimiento) por tratarse de un sabio es la más nítida constatación de que la clase política catalana es impermeable a la sabiduría. Cataluña, se mire por donde se mire, es hoy un verdadero páramo, y es precisamente esa divisa lo que subraya su profunda españolidad.

En cuanto a la lectura de la apuesta por Mascarell como una doble traición (de Mascarell al PSC y de Mas al llamado pinyol), no cabe mayor desatino que hablar del transfuguismo de uno o la tibieza del otro. No en vano, hace ya años que el eje izquierda-derecha resulta infructuoso para analizar la política local, cuyo único puntal atendible es el nacionalismo. Así, difícilmente puede haber traiciones ideológicas en un país donde cualquier variable de esa índole da como resultado 'error system'.Con todo, no es descartable que el verdadero espaldarazo a Mascarell procediera de la órbita socialista; exactamente, de Pasqual Maragall, quien, tras asomarse a la ventana y otear el cielo, proclamó: “Ara toca Mas”. Por lo demás, y dada la obscena semejanza entre la actualidad política y una opera bufa, quién sabe si el auténtico demiurgo de Cataluña no es Albert Boadella.

(Artículo publicado en La Voz de Barcelona el jueves, 30 de diciembre de 2010)



Pacientes cero

La última ocasión en que viajé a Valencia para ver al Español disfruté de un privilegio todavía mayor, cual es vagar por la ciudad a bordo del auto de mi amigo Rafa Lahuerta. No había esquina, portal ni comercio que no entrañara un relato o la vislumbre de un aventis. Llegados a la puerta de un Mercadona (no recuerdo la calle por la que transitábamos), Rafa desenfundó por enésima vez:
-¿Ves ese Mercadona? Cuentan que es el que más factura en España de toda la cadena.
Andaba deglutiendo tan fascinante dato cuando me alcanzó la bala de plata.
-¿Sabes? A mí el Español nunca me ha caído del todo bien.
Más allá de lo que acontece en Barcelona, tanta es la irrelevancia que suelo otorgarle a mi equipo que no había previsto la posibilidad de que un valencianista de pro se declarara 'antipatizante' del Español. Así y todo, no tuve más que meditar sobre el Mestalla más agreste para aislar a los pacientes cero de la discordia, esto es, Cataluña y el Madrí. Cómo olvidar, en efecto, que el empeño de los catalanes de bien en revocarnos el pasaporte topa una y otra vez con nuestra razón social, que no de ser. Por lo que al Madrí se refiere, sabrán que Sarriá, durante los ochenta, fue motejado con el despreciable nombre de Minibernabéu. Despreciable, digo, y digo bien: el Bernabéu siempre ha sido un estadio inhóspito para con su propio equipo, por lo que lo último que hubieran deseado los jugadores merengues de esa época era, precisamente, que el fervoroso y servil Sarriá fuera un Bernabéu en miniatura.
A la luz de nuestra condición de equipo mediomadridista y mediocatalán, a qué extrañarse de que los valencianistas no nos guarden estima; a qué si, con arreglo a la lógica, deberíamos ostentar el título de equipo más odiado del lugar. (A ello les animo, en la íntima convicción de que sólo nos cabe apelar al despecho para que nuestros directivos reconsideren la venta de Kameni, Víctor Ruiz, Javi Márquez, Osvaldo... El lado más sombrío del luto por Dani Jarque, de ese minuto 21 en que Cornellá se viste de cortejo fúnebre, es que hoy Dani Jarque no sería jugador del Español.)

(Artículo para la revista Amunt Mestalla -programa oficial del Valencia CF- con ocasión del encuentro Valencia CF - RCD Español)