viernes, 14 de enero de 2011

Un bar cómodo y barato

Querido De Paco:

Efectivamente, el pasado miércoles debutamos en el bar que los hermanos Iglesias han confiado a la pericia de los hermanos Adrià. La experiencia fue gratamente sorpresiva. Sobre todo por dos hechos inesperados. El primero es el precio. Se estaba anunciando el 41 º como el lugar en el que se podrían comer productos Bulli a un precio razonable. Razonable es poco: ¡El Bulli a precios populares! El mito de Ferran Adrià se solía acrecentar con la abultada cuenta final. Tanto para los que iban como para los que no iban. No hay nada tan español como pavonearse del precio de un restaurant. Los hay que te explican los números antes que los platos. Otros también te explican los números a modo de pretexto bajo el que se escuda su inasistencia. Por tanto, el 41 º no va dirigido ni a unos ni a otros. Ni a los presuntuosos ni a los resentidos. Ahora bien, es una magnífica oportunidad para que el común de los mortales goce de la cocina Bulli. Entre 20 y 30 euros te puede costar una buena selección de snacks con un aceptable cocktail. Tomamos corte de parmesano, minimozzarella con albahaca,olivas esferificadas, pistachulines de yogur y cortezas de cerdo con chile y cilantro acompañados de una margarita. Todo 22 euros. Iva incluido. El Bulli al alcance de todos los españoles, como el Nodo de antaño. Ignoro si esta socialización del producto Adrià será contraproducente, pero no me cabe la menor duda de que es un síntoma del progreso. Antes, poca gente comía solomillo y hoy está al alcance de todos. Solo falta que la calidad no desmerezca y creo que mientras Ferran y Albert lleven los mandos de la cocina esto no sucederá jamás.
Bueno y barato. Pero faltaba el bonito para completar la trilogía, porque un factor que nadie ha resaltado es la comodidad del local. Un bar barato y cómodo. Uno empezaba a estar ya harto de esa costumbre low coast de encajonar al personal en la barra como si fuere un enjambre. Es uno de los hándicaps del Lolita o del Tapas 24. La incomodidad del local y la ausencia de un servicio eficaz. Comprendo perfectamente que un bar de tapas no puede poseer el engranaje del Via Veneto, pero de ahí al hacinamiento de muchos de ellos puede hallársele un término medio. Este se encuentra justamente en el bar de los Iglesias-Adrià. Un servicio eficaz y amable, unas sillas confortables y unas mesas adecuadas. Un bar de tapas (más bien un snack) en el que no sólo disfrutas del placer culinario, sino de la dicha de una grata conversación.
La realidad es que este singular establecimiento ha sido la última fita en Tamarit Strreet. El siguiente jalón será el requeteanunciado Tickets. Esto ya va cogiendo color y nuestra calle puede pasar a llamarse cualquier día Taparit. Me siento afortunado. Es más, me siento doblemente afortunado, porque por uno de esos azares de la vida resido en Tamarit Street y tengo mi despacho en Córcega Street, en la que se acaban de abrir dos nuevos establecimientos que prometen: el Mirror de Paco Pérez y el 3 Gastrobar de Eduard Arola. Hoy los destaca La Vanguardia junto al Gaig, el Dry Martini y el Pacomeralgo de la misma calle. También hablan del Àpat, que es donde me suelen dar de comer a diario, alternando con nuestras amigas del Lázaro. Añádele el Sense Pressa, que es un magnífico local de Enrique Granados /Córcega al que te tengo que llevar. Realmente soy un privilegiado. Son las dos calles de Barcelona donde hay una mejor oferta gastronómica por metro cuadrado.

Oriol Trillas

Una recaída en la nostalgia frente a cuatro caminos de un barrio que nunca ha llegado a ser, al que le falta su Marsé. Episodios Nacionales pasados por la gafas de Berlanga. La Madrugá, sin aromas de cera.

Ángel Ranedo