Hay días en que
El Mundo trae tantas erratas que la lectura de algunas de las piezas se convierte en un campo de minas. Ni que decir tiene que del forcejeo que Sostres mantiene con la palabra internet (hoy, por ejemplo, en la entrevista a Adrià, leemos "interent") también debe responder el autor; no obstante, y ante la evidencia de que Sostres jamás embridará su temperamento (¡ni debiera!), de que cualquier propósito de enmienda aguaría su escritura volcánica, alguien (¿un editor, quizás?) debería someter sus textos a una criba que los enaltezca. No creo que sea un ruego descabellado; se trata, en fin, de que el periódico aplique en el papel el mismo celo que en
Orbyt, donde internet vuelve a ser internet. Por lo demás, es probable que las erratas no perjudiquen a autores como Sostres o Espada, en
cuya última entrada la negrita de la hora salta a fina sin motivo aparente, las comillas que abren la cita de Kundera se convierten en angulares en el cierre y faltan dos puntos a final de frase; al fin y al cabo, hablamos de dos periodistas que han convertido el desprecio por las formas en un rasgo estilístico (tanto más Espada, de quien todavía me admira su obstinación en tildar su quiá, a riesgo torero de que el picajoso de turno le meta el dedo en el ojo). Parafraseando a Gabilondo, ellos tienen a los hijos criados. Ahora bien, los editores del periódico (si los hubiere, insisto, a menudo no lo tengo por seguro), harían bien en evitar que los desplantes ortográficos empiecen a proliferar en aquellas piezas en que la incuria resulta insufrible. (Dicho lo cual, me desmontero ante las entrevistas de Sostres, que va camino de refundar el género. Hace suyos los tópicos más o menos cerriles que circulan en torno al personaje de turno -llámese Laporta o Adrià- y los va lanzando -ora templados, ora oblicuos- para que, de ese modo, el entrevistado tenga la ocasión de rebatir al pueblo, cristalizado en cada uno de esos chasquidos en plan "En el Bulli ponen poca comida".
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A menudo, lo admito, entro en alguno de mis blogs predilectos y, al ver que el autor no ha escrito, respiro aliviado.
5 comentarios:
Sin ser un gran experto en ortografía puedo decir que, no sólo en El Mundo, sino también en varios otros diarios, observo faltas así como redacciones inconexas. Tuve la "desgracia" de tener un maravilloso profesor de Ortografía y Gramática (así se denominaba la asignatura) cuando era pequeño y, aunque no fui un alumno aventajado, algo se me quedó. Muchas veces la lectura del diario produce desazón. Hace tiempo los diarios tenían un puesto conocido como "corrector de estilo". No sé si sigue existiendo.
Una de las singularidades de Factual era que las erratas, tras la denuncia de algún lector, se mantenían en el texto, aunque tachadas y con la corrección al lado. No sé si semejante acto de contrición partía del propio articulista o del jefe de redacción, pero era un gesto de humildad que me llegaba al alma.
P.S. Pepe, no se me ha escapado el guiño de no rematar el paréntesis en que has embarcado a Sostres y sus entrevistas; sí, tú también te lo puedes permitir. ¡Faltaría más!
No sabes cuánto celebro, querido Albert, que no sólo Dios vea esos guiños.
Ciertamente, las migas de pan que, en Factual, iban dando fe de los errores eran entrañables. No era yo muy partidario de ese ceremonial de honestidad; algunos textos acababan cobrando un aire de bloguería insoportable, casi antiperiodístico. Cosas del making of, en fin. En favor de la siembra de erratas, queda la contribución del lector a la escritura de la noticia, que fue otro de los rasgos novedosos del diario.
Un abrazo,
Pepe
PS. No estaría de más que Veva ampliara lo de la máquina de afeitar cerdos. Me dejó intrigadísimo, y lo digo absolutamente en serio.
1. En el blog de Arcadi Espada las erratas son tan constantes y autorizadas que se diría que está reinventando el género.
2. En los diarios gratuitos no suele haber demasiadas erratas (de tan manoseados como están los textos) por lo cual
3. La errata debería estar bajo protección institucional como marca de artesanía. O carcoma que embellece.
Por cierto. Ese profesor al que me he referido en el primer comentario, nos decía siempre algo que, en esta ocasión, yo no he practicado: "por encima no se lee nada".
Esto lo digo porque la primera errata de este post está, precisamente, en su título: no debe ser "un diario plagado de ETARRAS", sino "un diario plagado de ERRATAS", ¿no?
Saludos
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