lunes, 24 de enero de 2011

Vida de pirata

Cada vez que me engolfo en discusiones sobre la piratería en internet olvido el hecho de que me desenvolví en un ectoplasma eminentemente pirata. Hace poco, y a propósito de mis reparos estéticos al mundanal bajarse, Raúl me recordaba que habíamos pasado media juventud pirateando discos, esto es, grabando vinilos en cintas para, al punto, proveer de copias a quien quiera que lo pidiese (y acompañara su petición, claro está, de una cinta virgen o tan sólo grabable). Dicha forma de consumo obligaba a la compra del disco, lo que, en nuestro caso, solía involucrar a dos o tres personas. Recuerdo, por ejemplo, que Raúl y yo compramos a medias Por Biafra, de Los Toreros Muertos, uno de esos amenos estertores que brindó la Movida, tan hermosa en su agonía. Ni que decir tiene que tanto esta práctica como la grabación de canciones de la radio (ah, aquellos popurrís) escocieron a unas disqueras que, por entonces, aún habrían de jugar la carta de los CD, que tanto bien hizo a los cocainómanos del mundo. Con ser depravada, la copia doméstica nunca pudo competir en obscenidad con los servicios de fotocopias de las universidades españolas. Nuestra genuina alergia al decoro nos llevaba a comprar las obras de lectura obligada en chamizos improvisados al efecto donde un par de funcionarios tenían por todo cometido fotocopiar tal o cual libro, operación que, dicho sea, se realizaba con la aquiescencia y aun apremio del profesor de turno, verdaderos toasters de nuestro siglo. Así las cosas, y en próximas y venturosas discusiones sobre la piratería en la red, habré de hablar con la mirada en el retrovisor, pues también yo, en alguna medida más o menos razonable, he actuado como un pirata. No estoy particularmente orgulloso de ello, como tampoco lo estoy de haber robado chapas heavys en el Corte Inglés. A diferencia, por cierto, de esos progres que aprovechan el más ínfimo resquicio para ufanarse de los muchos libros que llegaron a robar en la Catalonia (y que, no bien terminan su ensoñación, ya están rumiando "pero eran otros tiempos, claro, eran otros tiempos").


Prolifera una especie de delantero más bien átono, a menudo exasperante en su liviandad, que trae consigo un kit de periodistas que descifran su juego, no vaya a ser que los aficionados como yo (últimamente estoy algo elemental), les demos por perdidos. Tal es el caso de ese Benzemá; es acusarle de abúlico o de indolente y aparecer un lumbreras arguyendo 1) que su clase no es de este mundo 2) que su toque no es defectuoso, sino sutil y 3) que crea espacios, coartada que ha hecho grandes a tipos como Villa, al que, por mucho que se desgañite Guardiola, no se le conoce otra suerte que la del chupapostes. Qué quieren que les diga, con los años me he vuelto un bruto y Guti dilapidó todas mis reservas de aprecio por la farsa y el malditismo.



Hemos pasado en pocos años del barcelonismo, basado en el optimismo transformador y en un incipiente patriotismo urbano, a la barcelonitis, una infección e inflamación exagerada de ese orgullo, donde, perdido el modelo, sólo entrevemos simulacros del buen rollo a base de interpretaciones poco justificables de vuestras primeras intenciones.

3 comentarios:

Albert dijo...

Donde yo trataba de sacarme un título se prohibió fotocopiar libros. Extramuros, empero, los negocios de fotocopiadoras self-service les disputaban el terreno a otros antros de perdición, como bares y futbolines. De vez en cuando, se pasaba por una de estas islas Tortuga el profesor de álgebra, que se ve que había escrito un libro. Cual unipersonal Ejército de Salvación, trataba de convencer a los filibusteros presentes de la injusticia que suponía privar al autor de los beneficios de su trabajo.

Dejé de copiar. Renuncié, más que por convencimiento, porque, desde entonces, ante un volumen despatarrado sobre la Xerox, se me aparecía el rostro apenado del matemático, y eso, igual que me ocurría con la Kinski y la cara de su padre, me inhabilitaba para cualquier actividad que tuviera que ver con las cosas del vicio y la perversión.

Anónimo dijo...

El pirateo se practica en muchas áreas, lo que pasa es que otros negocios no tiene una SGAE. Cualquier tipo de diseño o creación es susceptible de ser pirateado. La maquinaria sencilla raramente se patenta. Le pongo un ejemplo, mi marido inventó una máquina para pelar cerdos (muertos, claro) fue un éxito total, todos los mataderos la copiaron sin que mi santo recibiera ni un duro por sus derechos de inventor. Ya no inventa nada, se dedica a "fusilar" a los alemanes, como hace todo dios.
En otro orden de cosas, que gran pérdida para la humanidad fué la extinción del casete grabador, virgen o no, esas grabaciones con el teléfono y la cadena del water en medio de la canción...
Veva

Mercutio dijo...

DIÁLOGO REAL EN LAS FOTOCOPIAS (Oviedo, circa 1985)
-¿Qué tenéis de tercero?
-Administrativo, Internacional público y civl.
-Dame... -mira en los bolsillos- cuarenta duros de Internacional.