Últimamente, ni siquiera aquellos posts de los que estaba más satisfecho, esos que te dejan la bobería en el rostro, me libraban de la sensación de intemperie. Sensación, digo, cuando lo cierto es que mi intemperie es cualquier cosa menos relativa. Sea como sea, y pese a la asfixia de los sucesivos proyectos profesionales (¡y sentimentales!) y el rompeolas del desempleo, con ese ramillete de estigmas que oscilan entre el autoodio y la perplejidad, seguiré tentando la escritura, que es una forma tan miserable como cualquier otra de tentarse uno mismo. No lo haré en la playa Libre, sino en este otro blog, que iré adecentando con el paso de los días. Es muy probable que el cambio de decorado traiga consigo un cambio de tono, pero soy incapaz de formular cuál es el horizonte estilístico al que aspiro. En ese sentido, sigo a la deriva; trataré, eso sí, de que esa deriva empiece a rendir algún fruto profesional (¡o sentimental!). (Quizá lo que me mueve sea bastante más simple, y en el fondo todo obedezca a una querencia taxonómica, a la necesidad de tener mis papeles en orden, ya que mi vida, de momento, se sigue resistiendo.)
2 comentarios:
Allí estaremos.
Y tanto.
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